piso pequeño y bebé

Piso pequeño y bebé ¡Es posible!

Piso pequeño y bebé a la vista. ¿Es esta tu situación? Hace ya algunos meses te hablé aquí y aquí de como criar a un bebé en un piso pequeño (que lejos quedan esos post) pero es ahora, una vez que Manuel ya está con nosotros, cuando te puedo asegurar que sí, que se puede. ¿Es cómodo? Muchas veces no. ¿Es agobiante? Paso palabra. Pero sobre todo, es perfecto para el bebé y para ti si eres primeriza y necesitas tener a tu bebé muy cerca.  Seguir leyendo “Piso pequeño y bebé ¡Es posible!”

la nueva rutina

Y de repente te das cuenta…

Y de repente te das cuenta de que no puedes con todo. Que tienes ilusión, ganas, que has cumplido tu sueño de ser madre. Y aún así te das cuenta de que te queda mucho por aprender. Intentas tirar para adelante, porque antes eras tu sola y te cargabas a la espalda lo que fuese y quitabas tiempo de cualquier tontería para dedicarlo a limpiar, a cocinar, a lavarte el pelo, a ponerte guapa, que no dejaban de ser más tonterías por hacer.

Pero ya no eres una. Ahora sois dos. Y ese uno que es todo y que se ha unido a ti para siempre vale más que todo tu mundo. Y ya no son tonterías. Ahora tenerlo en brazos no es una tontería, ni darle de comer, ni cantarle una canción. Ya no puedes dividir tu día en horas, en organizaciones bien montadas que siempre llevabas a cabo pasara lo que pasara. 

Ahora te das cuenta de que los minutos son horas. De que no puedes plantearte darle de comer en diez minutos, cambiarle el pañal en dos y bañarlo en quince. Porque te fijas en su mirada y el solo hecho de darle de comer se transforma en minutos interminables. Porque intentas cambiar el pañal con destreza y rápidamente, pero de repente, sin saber como, está el body lleno de algo grumoso y con aspecto de mostaza (nunca miraré a la mostaza igual), la ropita mojada de pis y el niño llorando como un loquito (¡que pulmones!). Y ya te dan igual los dos minutos establecidos; lo coges, le cantas, pones voces, haces muecas, te inventas cuentos, historias y lo que haga falta para que no llore más. Y no porque te moleste el ruido de sus lloros, sino porque te entran ganas de llorar a ti solo de ver el pucherito tan gracioso y tan triste que pone. 

Y te empiezas a dar cuenta de que tu vida se ha ido desmoronando poquito a poco y que lo que estás creando vale mucho más que todo lo que tuviste algún día. Y aún así, aún sabiendo que eres más feliz que nunca, que tienes todo lo que un día soñaste, necesitas aprender a dejar de contar horas, minutos y segundos y aprender a vivir esas horas, esos minutos y esos segundos.

¿Te está costando (o te costó) adaptarte a la nueva rutina de un bebé? ¿Algún consejo para sobrellevar estos días de locura?